La Pascua es otra de las fechas señaladas en el calendario. Es de esas celebraciones que nos quedan grabadas desde nuestra infancia. Año tras años seguimos la tradición de celebrar el domingo de Pascua y de rematarlo el lunes comiendo la mona. Las monas, propias de la zona del Levante, son esos roscones de masa de bizcocho que llevan huevos cocidos insertados. Bueno, eso eran las monas de antes, que aún persisten en algunos pueblos. Ahora las monas son espectaculares composiciones de chocolate que cada año se actualizan en función de lo que triunfa en ese momento. Este año son los ídolos de fútbol, la figura de Hello Kitty y Bob Esponja. Tampoco faltan en los escaparates los clásicos de siempre en forma de casita, conejo, barco o tren. Cada año se hacen huevos de más tamaños, desde minúsculos hasta gigantescos, con lazos y muñecos.

Los padrinos de nuestros hijos son los encargados de sorprenderles cada año. El lunes por la tarde nos sentamos en torno a una mesa y pedimos que cada uno de ellos empiece a desmontar su figura. Nos inflamos a chocolate. Cuando era pequeña mi mona era un pastel con un huevo de chocolate encima. Ahora hay tanto chocolate que siempre hacemos un bizcocho para acompañarlo. Las semanas siguientes a Pascua les llevo a mis hijos para merendar pan o galletas con trocitos de mona. Y cuando al final quedan ruinas de las monas metidas en un tupper, lo derrito para cobertura o para hacer magdalenas.

¡Buena Pascua! y disfrutad de vuestras monas.

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