No podía ser de otra manera. Después de un invierno largo, frío y muy lluvioso, cuando por fin suben las temperaturas y el sol resplandece, nos entran unas ganas locas de dejar el abrigo y ponernos más primaverales. Y siempre, año tras año, mi madre me recuerda que cuidado con estos impulsos; que “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”, refrán de toda la vida y que, según ella, no falla.

Con el cambio de hora, además, la sensación de que nos deslizamos suavemente hacia el buen tiempo, es todavía más acusada. En nuestras casas también empieza a percibirse el cambio de temporada en los olores, en la iluminación, en la temperatura y, poco a poco, en otros elementos como la ropa de cama, las alfombras o las mantas. Todavía puede haber algún día más fresco o lluvioso pero ya podemos lavar y guardar algunas piezas, por ejemplo, los abrigos más invernales y las bufandas. También es un buen momento para retirar las mantas y plaids de los sofás y de las camas. Si empezamos a hacerlo de forma escalonada, cuando el calor se imponga definitivamente no nos agobiará tener que lavar tanta ropa de golpe.

Muchas piezas se pueden lavar en la lavadora -consultar la etiqueta- en un programa suave, con poco jabón y un centrifugado delicado. Acostumbro a guardar en una caja las bufandas y fulares de invierno. Las mantas las meto en unas bolsas transparentes que están ligeramente perfumadas por dentro a lavanda, y que encuentro en Mercadona. Las piezas de abrigo las guardo, algunas colgadas y otras dobladas, según el espacio disponible. También aprovecho estos días para lavar fundas de cojines y para llevar a la tintorería algunos pantalones y americanas que requieren lavado en seco y que ya no nos pondremos hasta el próximo invierno.

Con este trabajo ya hemos dado un primer paso para el cambio de ropa que haremos un poquito más adelante. Y, la verdad, es que resulta muy útil. También es el momento de descartar aquellas piezas que no hemos utilizado en toda la temporada -o desde hace unos años- por diferentes motivos y así aligerar un poco nuestros armarios. En este aspecto, soy radical: no guardo cosas que ocupan espacio y no utilizo ni utilizaré. No tengo dudas.

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