Se acercan las mini vacaciones de Semana Santa. Nosotros aprovecharemos para ir al apartamento de la montaña. Nos apetece cambiar de aires unos días y disfrutar del paisaje y de la vida desacelerada que allí se impone. Pero la previa para alcanzar ese ansiado estado de bienestar pasa por planificar la intendencia de esos días. Intento siempre que no me coja el toro. La clave está  siempre en programar con antelación. Antes de que los niños acaben el colegio debo tener los elementos básicos que me quiero llevar. Os hablo de alimentación aunque el criterio también funciona para la ropa.

Nuestro apartamento está en la montaña pero no en medio de la nada, hay civilización y comercios. Pero como en las fechas que vamos coincidimos con otras tantas familias que como nosotros han decidido descansar en la zona, ir a comprar al supermercado es una auténtica pesadilla. Las colas son interminables, la precipitación hace que compremos más de lo que necesitamos y que acabemos en la caja pagando una cantidad desorbitada para subsistir cuatro días.

Los alimentos envasados al vacío son una forma cómoda y segura de transportarlos. En mi carnicería habitual me envasan las hamburguesas de una en una, la pieza entera para rustir o los trozos de carne para rebozar. En la pollería también hay esta oferta, incluso con redondos rellenos ya cocinados. En el campo de la charcutería practicamente en todos los puntos de venta encontramos paquetes de jamón, trozos de queso o embutidos cortados o enteros. Y también encontré en el supermercado de El Corte Inglés paquetes de calabaza envasada al vacío ya pelada y cortada a trozos. Con estos elementos, un poco de fruta fresca y verdura, unos cuantos yogures y una docena de huevos, emprendemos la salida. El coche va un poco más cargado pero cuando llegamos a nuestro destino empiezan de verdad nuestras vacaciones. Nos instalamos y a disfrutar. Intento organizarme los menús con lo que llevo y a la vuelta apenas queda nada.

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