El tema del planchado dará muchos comentarios en este blog. Hoy empezaré hablando de cómo planchar bien una camisa. No sé si os pasa lo mismo, pero cuando me enfrento al montón de ropa para planchar suelo separar las camisas para el final. Plancho a diario. Me gusta planchar pero prefiero hacer cada día una horita que una sesión maratoniana. Tengo la costumbre -para algunos, el vicio- de plancharlo todo. Es decir, repaso los trapos de la cocina, las toallas, los calcetines de deporte o la ropa interior.

Vayamos con las camisas. Encarna trabaja como planchadora en la tintorería de mi barrio. Se trata de un negocio familiar donde se cuidan los detalles y el trato es muy cercano. El otro día me planté delante de Encarna y le pedí una demostración de cómo se plancha bien una camisa. Empezó por el cuello bien abierto. Huelga decir que su plancha tiene una potencia de vapor considerablemente superior a la de casa. Después hizo las mangas. Me explica amablemente que en las camisas de caballero hay que remarcar bien la raya mientras que en las blusas de señora hay que evitarla. Si en el puño hay varios pliegues, primero abre el puño y lo repasa y, después va marcando cada una de las dobleces. Seguidamente pasa a la zona de los hombros. Finalmente plancha el resto de la camisa.

En casa colgamos en percha las camisas de vestir y doblamos las de sport. Es un criterio práctico por cuestiones de espacio. Evidentemente una buena tabla de planchar, ancha y sólida, y una buena plancha facilitan la tarea. Cuando digo una buena plancha no me refiero necesariamente a una unidad de planchado con gran depósito de agua -en su día tuve una- sino a una que sea manejable, con una buena superficie y que desprenda el vapor necesario. También queda atrás el tiempo en que utilizaba un producto en spray en el cuello y los puños para darle más apresto. Finalmente, aconsejo dejar la ropa recién planchada reposar para que se enfríe antes de guardar en el armario. Así evitamos que se vuelva a arrugar con facilidad.

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