“Hogar, dulce hogar” es una de esas expresiones universales que a todos nos evoca los placeres que proporciona una casa cuidada, mimada y vivida. En el hogar cada persona reconoce como parte de su mundo individual un sillón, un cuadro, unos papeles, unas fotografías y, en muchos casos, unos libros. Para los amantes de la lectura el poder estar tranquilamente en un rincón con un buen libro entre las manos es uno de los placeres más preciados del hogar.

En casa estamos de celebración. Mi marido, Sergio Vila-Sanjuán, publica su primera novela Una heredera de Barcelona (Destino). Tras una larga y sólida trayectoria de periodista cultural, ejercida los últimos veinte años desde las páginas del diario La Vanguardia, ha volcado muchas de sus inquietudes en esta obra. En ella está el periodista y cronista que es, pero hay también elementos familiares que le han impulsado a profundizar en archivos de sus antepasados y de la Ciudad Condal de los años 20. El protagonista, un alter ego de su abuelo paterno, se mueve por la Barcelona convulsa de la época y vive en los  ambientes dispares que ofrecía aquel momento histórico. Pablo Vilar transita y vive sus días entre militares y tramas políticas, entre anarquistas y movimientos subversivos, entre gente del mundo del espectáculo, y también entre miembros de la alta sociedad refinada y monárquica, como la heredera que da título a la novela.

He vivido muy de cerca cómo mi marido ha trabajado estos tres últimos años madurando la idea, documentándose y escribiendo y reescribiendo. Lo ha hecho, como siempre, con entusiasmo y rigor. El resultado lo demuestra. Una heredera de Barcelona es uno de esos libros que te apetece coger para retirarte a leer. Proporciona lo que yo denomino momentos dulce hogar, que son un estado de bienestar, de calidez e intimidad con el aroma y sabor de tu propia casa.

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