He leído con fruición la novela de María Dueñas El tiempo entre costuras (Temas de Hoy). Está sencillamente muy bien escrita. Cuando digo sencillamente quiero decir que la autora escribe estupendamente sin alardes. Y consigue como si nada que te dejes arrastrar por una historia, unos personajes, unos paisajes y una época a lo largo de 600 páginas. Redescubro en el texto palabras que le oía a mi abuela, que escuché en conversaciones durante mi infancia y que ahora no forman parte de mi mundo. Ahí están a modo de ejemplo: “Talle delantero, contorno de pecho, largo de pierna. Sisa, bocamanga, bies….Crespón de China, muselina de seda, gorguette, chantilly.” Y es una evocación emotiva.  Mi abuela fue sombrerera en su juventud y de mayor nos cosía y arreglaba la ropa. Era habitual que en las casas alguien cosiera o, incluso, que alguna persona externa viniera un día a la semana para hacer la costura.

¿Quién cose hoy en nuestras casas?. Si hablamos de un botón o de un pequeño descosido yo misma me las apaño. Si el tema adquiere más complejidad y es cuestión de hacer un dobladillo o de estrechar una pieza, lo reservo para mi madre. Cuando viene a casa ya pregunta si hay algo para coser. Ella ha cogido el relevo de la abuela. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que en el fututo yo siga la cadena. Pero si es por mantener la tradición estoy dispuesta a aplicarme.

En el costurero de casa hay basicamente hilos blancos y negros y unos pocos colores. Ultimamente nunca encontramos el acertado para la pieza que hay que reparar. Próximo objetivo: enriquecer la gama de sedalinas. Hay agujas y alfileres. Dedales. “Costurera sin dedal cose poco y cose mal”, dice el refrán. Así que cada vez que coso un botón me pongo un dedal. Hay también unas buenas tijeras, cinta blanca y cinta con los nombres para marcar. Estas cintas son imprescindibles en casas con niños en edad escolar. También tengo algunos imperdibles, cinta métrica y una colección de botones varios que vamos guardando de recambio. No sé si debería contener algo más. Pero para lo que cosemos en casa es suficiente.

Creo que vale la pena tener bien ordenado el costurero. Al abrirlo parece que incita más al trabajo y parece más fácil si encuentras lo que necesitas. Hay múltiples negocios de reparaciones de ropa. Pero eso implica llevar la pieza, probarla, dejarla, volver…y pagar un precio. Qué útil sería saber coser y disfrutar con ello como en el maravilloso “entre costuras”.

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