El otro día mi amiga Nana me sugirió que hablara del tema trastero en el blog. Asunto controvertido, pensé. En casa ha sido tema de cierto debate desde que hace cinco años nos mudamos y alquilamos uno para guardar una serie de cajas y de objetos. Se trataba de un material en desuso que revisaríamos y liquidaríamos con calma. Tema peliagudo, decía, pero Nana es una buena amiga y la cuestión que me proponía da de sí, aunque en casa posiblemente reavive el debate. Me arriesgaré.

Hemos vivido más de cinco años sin necesidad de recuperar ninguno de los objetos del trastero que tenemos alquilado. Por cierto, el nuestro está unicado en un barrio bastante alejado de nuestra casa, por lo que visitarlo requiere coger el coche, a ser posible por la noche o en fin de semana, porque las zonas de aparcamiento están muy buscadas. En alguna ocasión se ha dado el caso de que sospechábamos -hablo en plural para que no parezca un ataque personal- que tal cosa o tal otra podía estar en el trastero. Pero sólo pensar en coger el coche, desplazarnos y aparcar, nos hemos empezado a desinflar. Después, una vez allí, hay que enfrentarse  a la experiencia de abrir la puerta que corresponde al número que tenemos asignado y que pagamos cada mes. Metemos la llave en la cerradura, giramos y antes nuestros atónitos ojos aparece una torre de 90 cajas que amenaza con caer sobre nosotros. Pues, como decía, si creemos que algo puede estar en el trastero, pongamos por caso, un libro, nos vamos a la librería de abajo de casa y compramos un ejemplar nuevecito.

Me comentaba mi amiga que un amigo suyo vendió su casa con un trastero lleno. Les dijo a los compradores que en breve lo vaciaría. Pero no lo hizo. Al cabo de unos años llamó a sus pacientes compradores y les comunicó que podían disponer del trastero y tirar todo lo que contenía puesto que en el tiempo transcurrido no lo había necesitado. ¡Vaya ejemplo! Ojalá cunda. Porque si crees que un trastero te va a liberar y desagobiar reteniendo cosas que no te atreves a tirar pero que no usas, falso. Elimina las cosas que no utilizas y ya no necesitas. Y sobre todo no caigas en la trampa del trastero.

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