El otro día hablaba de la basura selectiva y de cómo con nuestras actitudes cívicas podíamos contribuir a la mejora del medio ambiente, que buena falta le hace. Hoy completo el tema tratando de cómo nos deprendemos de objetos y cachivaches diversos que no tienen cabida en los contenedores de basura. En Barcelona, por ejemplo, existe un día a la semana, que cambia según los barrios, en los que se pueden sacar trastos viejos a la calle a partir de las ocho de la tarde. Sobre las diez de la noche pasa un camión y se lleva todo lo que hemos depositado frente a portales o en la acera. Este servicio es muy útil cuando se realizan mudanzas o renovaciones importantes de mobiliario.

Pero en nuestras casas entran en desuso una serie de objetos diversos, pequeños o grandes, que no sabemos muy bien cómo eliminar de nuestras viviendas de forma correcta. Es el momento de averiguar dónde hay “un punto verde” (www.bcn.es/neta). Hay uno en cada barrio de la Ciudad Condal y allí podemos llevar cosas tan variopintas como juguetes, sartenes, cables, paraguas rotos, pequeños electrodomésticos, bombillas y un largo etcétera. En estos puestos recogen materiales reutilizables como ropa o cartuchos de impresora, materiales reciclables como radiografías, aceites -el otro día Laura lo preguntaba- o artículos de cocina y materiales especiales como pilas, fluorescentes o botes de pintura.

Se acabó aquella imagen tan cutre, y que hemos visto tantas veces, de una lavadora abandonada o de un inodoro junto al contenedor de la basura. Lo tenemos fácil para desprendernos de lo que ya no nos sirve sin afear nuestras calles. Y el saber que se pueden llevar tantas cosas, a mí, que además tengo el punto de reciclaje muy cerca de casa, me impulsa a revisar armarios y a hacer buenas limpiezas para desprenderme, por ejemplo, de esos cargadores de teléfonos móviles que ya no tenemos y que colapsan desde hace tiempo un cajón de la cómoda de la entrada.

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