No me he encadenado nunca a un árbol para salvarlo ni he encabezado una lista de firmas en pro de la no extinción de determinado cetáceo. Ambas actitudes me parecen loables siempre que el sentido común impere y no lleven la situación a tal extremo que resulte rocambolesca para el ser humano. No sé desde cuándo tenemos la posibilidad de separar la basura de forma selectiva pero en casa vamos a cumplir la mayoría de edad en este terreno. Lo asocio al nacimiento de nuestra hija mayor. Tampoco recuerdo si hubo un desencadenante concreto para que lo hiciéramos pero desde entonces nadie echa una lata vacía al cubo de la basura, ni un periódico ni un envase de detergente.

En casa todavía no hemos conseguido -básicamente por falta de espacio- tener recipientes para separar vidrio, papel y plástico. En los diseños actuales de mobiliario de cocina ya los incorporan en un armario o cajón. Pero eso no nos impide hacerlo. Lo metemos todo en una bolsa y a diario la vaciamos: la botella de cristal al contenedor verde, los briks al amarillo y la prensa y revistas al azul. Recientemente en nuestra ciudad se ha renovado el diseño de los contenedores y se le ha sumado uno más pequeño para los residuos orgánicos. También lo hacemos. En muchos países europeos es obligatorio cumplir con el requisito de separar los distintos restos de basura y se penaliza al que no lo hace.

Nosotros aún estamos a años luz pero cada vez somos más los que cumplimos estos deberes cívicos que revierten en una mejora del medio ambiente. Leía hace poco a Màrius Serra en uno de sus artículos en el diario  La Vanguardia. Expresaba la perplejidad que le causó ver a un tendero tirar piezas de fruta en mal estado en el container general cuando junto a él tenía el de residuos orgánicos. A los que habitualmente hacemos la selección de residuos nos ofende, por ejemplo, oír el estrépito que hacen las botellas de cristal al caer bruscamente en el contenedor general. ¿Qué habría costado lanzarlas de una en una por el agujero del verde?.

Sabemos que las bolsas de plástico de los supermercados son nefastas para el medio ambiente. Y sin duda lo constatamos cuando las vemos en medio de un paradisiaco paisaje subiendo una montaña o flotando en un acantilado. En Francia hace tiempo que las retiraron. En nuestro país algunos supermercados como Bonpreu te bonifican unos céntimos si llevas tus propias bolsas. Cuando voy al mercado o al super me llevo mis bolsas -tengo una buena variedad de colores y tamaños- y meto en ellas la compra. En la mayoría de grandes superficies las venden pero también hay creaciones originales como las diseñadas por Textura o Envirosax (www.envirosax.com). Resulta muy práctico. Me choca ver a personas que llenan su compra con un montón de bolsas de plástico (de esas que tanto cuesta degradar) y además se llevan un puñado más por si acaso (?).

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