Cuando estudiaba en la universidad pasaba muchas horas trabajando en la biblioteca. Uno de los grandes alicientes de aquellas jornadas era saber que a media tarde saldría a merendar una ensaimada. No era una ensaimada cualquiera sino una maravillosa, tierna y sabrosa. Se trata de uno de esos productos que dejan huella y que resulta estimulante evocar.

En Barcelona, junto a la plaza Universitat, empieza la Ronda de Sant Antoni. Allí en el número 96 está el horno Mistral, donde compraba las ensaimadas de mi época estudiantil. Y allí sigue el negocio, renovado y ampliado. Pero el producto estrella sigue siendo la ensaimada. Las podéis encontrar pequeñas, medianas o grandes; normales o rellenas. Todas fantásticas.

Un sábado de regreso a casa tras un partido de fútbol de nuestro hijo pasamos por allí y, por supuesto, fue parada obligada. Todos los de casa disfrutamos del sabor único de estas ensaimadas. A los que vivís en Barcelona os invito a probarlas. Son ideales para organizar una merienda en casa con cholocate caliente. Y a los que venís de fuera, acercaos, Mistral está en un lugar muy céntrico, y vuestro paladar agradecerá la visita.

La palabra ensaimada nos remite de inmediato a Mallorca. Cuando alguien va a la isla está casi forzado a comprar una ensaimada aunque sea en el aeropuerto. Nuestra hija nos trajo una de regreso de un viaje escolar y nos pareció estupenda. El mero hecho de que te la traigan de allí hace que la apreciemos más. Hay foros y opiniones varias sobre cuál es el mejor establecimiento para comprar ensaimadas si visitáis Palma. A mí me han hablado muy bien de www.forndespont.com

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