Como ama de casa el tema que os planteo afecta a las cuestiones domésticas, aunque seguro que vuestras experiencias en otros ámbitos profesionales son extrapolables al terreno casero. Me refiero al hecho de  tener una agenda en la que planificar día a día las labores a realizar. En las fechas prenavideñas os comentaba que me iba muy bien ir anotando ideas de cosas que tenía que comprar o preparar para las fiestas. Sin embargo en mi día a día funciono por la inercia de las tareas “obligadas”  y por los imprevistos y “sorpresas” que van surgiendo.

Me pregunto si una agenda doméstica tiene sentido, no importa en qué soporte. Por ejemplo, mi marido lo anota todo en una agenda en papel, de esas de toda la vida que requiere anualmente cambiar las hojas y el calendario. Lo que no está allí escrito, no existe ni existió. Mi amiga Isabel incorpora a su agenda del teléfono móvil cualquier cita o compromiso en el momento en que lo hablamos para asegurarse de que no le fallará la memoria. Otros poseen tecnología más avanzada y programas donde hacen constar sus movimientos y programaciones.

Siempre había pensado que el no tener una agenda me hacía más libre, en el sentido de que no dependía de mirarla constantemente para saber qué me tocaba hacer ese día. También sostenía que era una buena forma de ejercitar la memoria, como lo es recordar fechas o números de teléfonos. Pero mi amigo Albert, altamente tecnologizado, me rebatió esa argumentación. Me replicó que le parecía inútil cargar esa información en el cerebro y que consideraba que si liberaba ese espacio lo podía ocupar en otras cosas -entiendo que más interesantes-.

Esta reflexión me lleva a plantearme -ahora que aún estamos a principios de año- si iniciarme con una sencilla agenda de papel en el grupo de personas con agenda. Cuando “registro” que faltan varias cosas en casa, acostumbro a anotarlas en un papel que cuelgo con un imán en la nevera. Y haber escrito esas palabras me facilita recordarlas en el supermercado aunque olvide la nota. Las tareas del hogar incluyen aspectos de mera logística, de planificación económica, imprevistos y reparaciones, revisiones de electrodomésticos, papeleo, y muchas más cosas. Si además hablamos de un hogar con niños aparecen nuevas “entradas” como sus actividades sociales o deportivas y las revisiones médicas de especialidades diversas. ¿Debería incluir todo eso en una agenda doméstica?. Hasta el momento me funcionaba el dejarme llevar por cierta buena memoria y por la novedad del día a día, pero empiezo a detectar fallos en el sistema.

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