Sin duda habría sido muy afortunado hacer una criba importante de juguetes antes de que pasaran los Reyes. Algunos años lo hemos hecho. Éste no ha sido el caso. Y como consecuencia todavía tenemos unos cuantos juguetes en busca de guarida. El tema de la reordenación es complicado y no siempre se puede hacer abiertamente a los ojos de nuestros hijos. Solemos dialogar con ellos y hacerles entender que hay algunos objetos en buen estado que ya no usan porque eran de cuando eran más pequeños. Les ofrecemos llevarlos a algún hospital o centro de niños para que los puedan aprovechar. También les explicamos que se los pueden pasar a un primito o vecino que se adecúe a la edad del objeto. Cuando no atienden a razón alguna  paso a proceder al exterminio a sus espaldas y constato que el paso del tiempo simplifica las cosas: “yo tenía una guitarra” o “cuando era pequeña jugaba con un perrito que hablaba”, dicen al cabo del tiempo.

Algunos niños, como algunos adultos, son resistentes a desprenderse de cualquier objeto, incluída la caja del juguete. Otros no tienen problemas a la hora de eliminar unas cuantas cosas y parecen no demostrar apego a aquellos juegos que tanto les entretuvieron. Otros dudan y necesitan hacer una valoración meditada. Y mientras se da esta diversidad de procesos a mí se  me activa el instinto del nido y la necesidad de vaciar y limpiar estantes y armarios para reubicar las nuevas incorporaciones procedentes de los Reyes.

Es interesante hacer esta reordenación con los niños y explicarles los criterios con los qué organizamos. Es una buena forma de crearles hábitos de orden y limpieza en sus pertenencias. Hay múltiples cajas de almacenaje que nos ayudan a guardar objetos similiares como los coches, los colores o los imanes. En otros casos es mejor conservar la caja original para no mezclar piezas con otras y extraviarlas como en los puzzles o en algunos juegos de piezas pequeñas. También es aconsejable que tengan sus nuevos juguetes accesibles (los libros, el material de dibujo, juegos interactivos…) para que los usen a menudo y que reservemos los estantes más altos, para aquellos juegos que, o bien por su envergadura o bien por su complejidad de montaje, sólo utilizamos en ocasiones especiales.

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