Hay dos momentos en el calendario que tengo marcados para sacar las cortinas  de casa y lavarlas. Uno de ellos es en esta época previa a Navidad. Las cortinas se resienten de la temporada de verano cuando solemos tener las ventanas más abiertas y se ensucian de polvo. En el salón tengo estores venecianos. Antes este tipo de cortinas llevaba diversas varillas a diferentes alturas y era entretenido montarlas y desmontarlas. Ahora requieren menos tiempo y el montaje y desmontaje es fácil -hay que desatar los nudos de los hilos verticales, sacar la barra que hace de peso en la parte de abajo y desprender el velcro de arriba de todo-.

 

El día que sacamos las cortinas es un buen momento para limpiar a fondo la ventana, los cristales, el marco y la persiana -si la hay-. Si veo muy rozada la tela primero la pongo en remojo y froto las zonas más afectadas. Después las meto en la lavadora en un programa largo con agua fría y con las revoluciones del centrifugado muy bajo para que no se arruguen. Os aconsejo ajustar la cantidad de detergente y tirar a la baja porque enseguida se llena la escotilla de jabón y después no quedan bien acalaradas. También le añado suavizante. Quedan mejor. Cada uno se decanta por un jabón, una marca y un aroma. A mí en la ropa de casa me gusta especialmente el olor a jabón de Marsella.

Cuando se acaba el programa de lavado las cuelgo enseguida y dejo que se sequen ya puestas. Pasadas unas horas remato la faena de pasar los hilos, atarlas y poner la barra. Es espectacular el efecto cortina limpia. Se nota mucho, inlcuso se huele. Y ya tenemos otra tarea prenavideña hecha. Para aquellos que ya tienen su agenda repleta de recados no hace falta añadir un elemento más de trabajo. Dejad las cortinas para después de fiestas.

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