10 de noviembre

Estos primeros días de la nueva estación vienen acompañados de cambios. En el ambiente percibimos que el otoño se impone: el aire por la mañana es fresco, hace viento, las calles se llenan de hojas secas y a nuestro alrededor proliferan los virus. Nuestro organismo tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias.

Acudir a comprar al mercado es un buen antídoto para frenar la inercia nostálgica  de la estación y cargar las pilas. Es una gozada pasar por las paradas bien surtidas y llenas de productos de temporada. En mi barrio acaban de inaugurar el mercado de la Llibertat remodelado. La mitad de las paradas ya no existen porque sus propietarios se han jubilado y su espacio lo ocupa un pequeño supermercado, pero en la otra mitad podemos disfrutar de establecimientos renovados, ampliados y con muchas ganas de ofrecer más y mejores productos.

Cansados de las rutinas culinarias del verano, ha llegado el momento de preparar un buen caldo, una crema de calabaza, un estofado con patatas o un arroz con sepia. Y dejarnos llevar por nuestras apetencias. Mi hijo Víctor me pide que le prepare granada de postre. Es una excelente idea. Ahora es la época.

Parto la granada en dos mitades. Cada mitad la pongo boca abajo con un cuenco grande  y con una cuchara la voy golpeando. Los granos van desprendiéndose. Se lo vi hacer una vez a Karlos Arquiñano y desde entonces siempre lo hago así. Al tener abajo un recipiente grande tanto los granos como las salpicaduras quedan dentro del bol. Si cae algo de piel amarilla la retiro y finalmente lo rocío con el zumo de un par de naranjas. Es una buena vitamina.

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