3 de noviembre

Esta mañana al abrir la ventana nos ha sorprendido una corriente de aire fresco. Por fin cambia el tiempo y las temperaturas son otoñales.

Ya no podemos demorar más el cambio de ropa. Hay que guardar definitivamente la ropa de verano para dar paso a la de invierno. Tal como explico en mi libro Dulce Hogar es importante planificar esta tarea para poder afrontarla con eficacia.

Es necesario tener ya lavada y planchada la ropa que vamos a guardar, también es el momento de descartar aquellas piezas que llevamos tiempo sin ponernos y que no tiene sentido volver a guardar. Al vaciar el armario podemos limpiarlo más a fondo: pasar el aspirador y una gamuza. Y al acabar se pueden poner algunas bolsas antipolillas con olor suave o bolsitas con hierbas aromáticas.

Son muy útiles las cajas para zapatos de Ikea que se cierran con velcro y las cajas decoradas –se pueden encontrar en diferentes comercios- para almacenar piezas sueltas como fulares o cinturones.

Aconsejo emprender la tarea del cambio de armarios con la voluntad firme de empezar y acabar esa misión en el mismo día para que no nos queden cosas por en medio. En casa somos 6 y dedico, como mínimo, tres días a recolocar todos los vestuarios.

La gente joven tiende actualmente a vestirse por capas. Así lo hacen mis hijas adolescentes. Hay que intentar guardar parte de la ropa de verano para esponjar el espacio. Por lo tanto, hay que negociar y persuadir.

Como en tantas otras actividades domésticas los criterios de limpieza y orden son los que mejor funcionan para cambiar los armarios. Ánimo!

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