Estos calores tan intensos no invitan demasiado a meterse horas en la cocina. Y a la hora de comer, nos apetecen cosas ligeras y refrescantes. Hablabamos un día de cremas que podemos hacer, adornar y tomar bien fresquitas. Las ensaladas pueden solucionarnos una comida. Podemos ponerles tantos ingredientes como queramos y funcionar como plato único. El otro día hice un pequeño sondeo entre mis cuatro hijos para que me dijeran cuál sería su ensalada ideal. Como no podía ser de otra manera, lo que le gusta a uno, no le gusta a otro. Y, si coinciden en algún ingrediente, ya no lo hacen en los otros.

Desde que hice este sondeo, me preguntan “¿mañana harás mi ensalada?”. Estos día he intentado coger alguno de los ingredientes de la lista de cada uno e incorporarlos a la ensalada del día. Pero eso les satisface a medias. Proximamente haré sus cuatro ensaladas, que aunque parecidas son diferentes. Ahí van:

1. Base de canónigos con tomates cherry, atún y cebolla.

2. Base de pasta con maíz, trozos de tomate, jamón dulce y aceitunas.

3. Base de arroz con cebolla, tomate y aceitunas.

4. Lechuga troceada con pollo, piña y mayonesa.

En las tres primeras el aliño es el aceite de oliva. Si haces participar a tus hijos en la elaboración, seguro que repiten porque “está buenísima”. E, incluso, te disculpan si pones un ingrediente en lugar de otro porque en ese momento no lo tienes a mano. Las diferente formas de la pasta dan mucho juego. También la combinación de colores como en la ensalada de tomate y aguacate con orégano y aceite. La zanahoria o el huevo duro son un buen remate para presentar la ensalada. Os he hablado de los gustos de los niños. A mi marido le gustan casi todas las ensaladas pero preferentemente de patata hervida y fría o de lentejas. Y, eso sí, sin queso. A mí me gustan con variedad de lechugas,  con frutas y tacos de queso fresco. Contra gustos no hay nada escrito.

Enlace relacionado: Tiempo de ensaladas

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